No sé si tener abandonado este espacio es tener abandonado a Dios. Empezó esta historia con el miedo y el desamparo, pensando que, efectivamente, sólo ese Dios, en el que ni siquiera creo, podría rescatarme, abrazarme y consolarme.
Me propuse entonces dedicarle un breve comentario, si no cada día al menos de vez en cuando. Pronto se me olvidó. Y cada noche, cuando me acuesto, pienso que tampoco me habría costado tanto escribir en el blog: "Gracias, Señor".
Gracias, aunque sea, por respetar mis dudas, por aceptar mis críticas, por tolerar mis burlas, por consentir mis desprecios, por admitir mi silencio...
Gracias por sentirte a mi lado sin agobiarme, por notar que no me echas nada en cara. Por saber que sin ser yo un buen hijo amado, me respetas y me quieres.
Y, tal vez algún día, puedas llegar incluso a perdonarme.
Aún cuando dices no creer en Dios... creo que crees más de lo que muchos que dicen creer creen en realidad...
Siento en ti una gran hambre de encontrarte con Dios, más aún siento que ya te has encontrado con él.
Sólo falta dejar a un lado la racionalidad y abrir el corazón...
Me ha gustado mucho tu blog...
Noto una gran sinceridad en lo que escribes, mucha profundidad..
ánimo...