Miedo.
Me reencuentro con este blog. Me parece un reencuentro extraño. Avergonzado.
Por fin he descubierto que Dios me comprende. Yo no le comprendo a él, es cierto, pero ahora sé que él me comprende.
Han sido dos meses de extrañas circunstancias... o no tan extrañas... Cosa de médicos. Y de miedo.
Mucho miedo.
El miedo me llevó a enfrentarme (¿afrontarme?) con Dios. Mi vergüenza estaba en la súplica interesada...
Y me sentí abandonado. Dios no me respondió.
Lo curioso es que su abandono y mi rebeldía ante él, me empujaron a intentar sacarme las castañas del fuego.
Y ahora le estoy profundamente agradecido, porque no ha sido él quien me ha resuelto mis problemas ni mis dudas, sino un modesto médico de barrio.
Un modesto médico al que (ahora ya no tengo dudas) Él me condujo.