Enfrentándome a Dios.
No me da miedo enfrentarme a Dios. No tanto como enfrentarme a mí mismo.
Realmente, yo puedo vivir muy feliz, con mi trabajo, con la gente que me rodea, asumiendo o eludiendo problemas... comprando, paseando, mirando la televisión, escuchando la radio...
Pero mi vida se termina cuando estoy solo. Cuando me miro.
Si todo va bien, fenomenal. Pero cuando algo falla, siento el desamparo.
Hasta ahora el orgullo bastaba para sobrellevarlo. Pero me he sentido tan vulnerable, indefenso y abandonado que, al verme ante el espejo, he necesitado la mirada aquella que, en tiempos, supo, quiso y pudo acompañarme.
Ni siquiera he pretendido reencontrarla el primer día.
No me da miedo enfrentarme a Dios, porque sé que no es Él quien puede hacerme daño.
miguel dijo
Me aburren un poco tus reflexiones porque s eparecen bastante ala smías.
Destaco las últimas líneas, con las cuales lograste finalizar magistralmente un prolongado bostezo.
10 Noviembre 2005 | 09:40 PM