4 Julio 2006
El arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, se ha preguntado esta tarde, durante el funeral por las víctimas del accidente del metro valenciano, que dónde estaba Dios.
Esa misma pregunta se la hizo Benedicto XVI durante su visita al campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, donde murieron más de un millón de judíos, unos 150.000 polacos y miles de ciudadanos de otros países.
Reconforta saber que los más directos representantes de Dios en la Tierra tienen también estas dudas en las que se mezclan la rabia, la desesperación, la incomprensión, la desolación y el miedo.
Sucede cuando muere un ser querido: ¿dónde estás, Dios? ¿Por qué permites que sufra? ¿Por qué te lo llevas tan pronto? ¿Por qué no le has dado la oportunidad de seguir viviendo, de seguir creciendo humanamente, de seguir al lado de los suyos?
Me resulta curioso que yo, tan lleno de dudas, tan simple, tan inculto, sí sepa la respuesta a la pregunta:
Dios estaba en ese tren; Dios estaba en aquel campo de exterminio; Dios está al lado del ser querido que sufre. Y sufre con él.
Sufriendo con el ser humano, porque cuando le dio la libertad de pensar, de decidir y de obrar, supo que ya no podría intervenir nunca más en la vida de los humanos.
Y, entonces, sólo le quedó sufrir con ellos.
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22 Mayo 2006
Buenas noches, Señor. Sólo he abierto mi blog para decirte que sigo aquí, que sigo esperándote, que sigo buscándote, que continúo queriendo amarte.

Quizás Él también esté al otro lado, allí, esperándome, encontrándome... queriendo amarme.
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16 Marzo 2006
No sé si tener abandonado este espacio es tener abandonado a Dios. Empezó esta historia con el miedo y el desamparo, pensando que, efectivamente, sólo ese Dios, en el que ni siquiera creo, podría rescatarme, abrazarme y consolarme.

Me propuse entonces dedicarle un breve comentario, si no cada día al menos de vez en cuando. Pronto se me olvidó. Y cada noche, cuando me acuesto, pienso que tampoco me habría costado tanto escribir en el blog: "Gracias, Señor".
Gracias, aunque sea, por respetar mis dudas, por aceptar mis críticas, por tolerar mis burlas, por consentir mis desprecios, por admitir mi silencio...
Gracias por sentirte a mi lado sin agobiarme, por notar que no me echas nada en cara. Por saber que sin ser yo un buen hijo amado, me respetas y me quieres.
Y, tal vez algún día, puedas llegar incluso a perdonarme.
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21 Enero 2006
Me reencuentro con este blog. Me parece un reencuentro extraño. Avergonzado.
Por fin he descubierto que Dios me comprende. Yo no le comprendo a él, es cierto, pero ahora sé que él me comprende.
Han sido dos meses de extrañas circunstancias... o no tan extrañas... Cosa de médicos. Y de miedo.
Mucho miedo.
El miedo me llevó a enfrentarme (¿afrontarme?) con Dios. Mi vergüenza estaba en la súplica interesada...
Y me sentí abandonado. Dios no me respondió.
Lo curioso es que su abandono y mi rebeldía ante él, me empujaron a intentar sacarme las castañas del fuego.
Y ahora le estoy profundamente agradecido, porque no ha sido él quien me ha resuelto mis problemas ni mis dudas, sino un modesto médico de barrio.
Un modesto médico al que (ahora ya no tengo dudas) Él me condujo.
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30 Noviembre 2005
Wissens es una isla en la que habitamos Dios y yo. Y Él suele hacer largos viajes y me deja solo durante demasiado tiempo.
O quizás sea yo el que viaja más de la cuenta y lo dejo solo en Wissens. El caso es que estamos más tiempo distanciados que juntos.

Es cierto que he comprobado que su teléfono tiene siempre cobertura, no como el mío, de tal manera que siempre atiende mi llamada. Rara vez me ha dejado el buzón de voz. Quizás la última vez que le llamé. Tenía motivos para no responderme.
Cada uno de nosotros somos una isla habitada por Dios y nosotros mismos.
Y, a veces, nos sentimos solos en esa isla. Y, ya lo sé, la culpa no es de Dios.
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20 Noviembre 2005
Otra vez ha surgido en la cena de los sábados el tema de Dios. Esta vez no le he negado. He querido reconocer que tal vez Dios existe. Me cuesta hacerlo, porque la razón me pone impedimentos. Si Dios existe o no, tal vez no sea lo fundamental. Probablemente, lo importante es si yo creo o no creo en Dios.
Me gustaría lograr separar la idea de Dios de los curas y la iglesia. Me tendría que resultar fácil cuando veo que los curas y la iglesia no están, desde mi punto de vista, precisamente al lado de Dios.
No pueden comprender la idea del Dios amigo, el que, de existir, sería capaz de tomarse unas cervezas conmigo. El que sería capaz de convencerme para vámonos a arreglar el mundo, nuestro pequeño mundo, el que nos rodea, el de nuestras posibilidades. No entienden al Dios que llora a mi lado, al que me abraza y me dice si yo pudiera ayudarte. No comprenden al Dios que no puede ayudarme.
Y yo sí quiero al Dios que no puede ayudarme pero está a mi lado y me acompaña. Porque si Dios me ayudara y resolviera mi llanto, yo no sería un hombre libre, que es lo que quise ser, y sería una marioneta en manos de Dios, y, entonces, para qué quiero a Dios.
Quiero a Dios para que me acompañe con mis problemas y me diga... Ahora te invito yo.
Quizás sea una idea muy cómoda de Dios. Porque si Dios es mi amigo y se limita a acompañarme porque no puede ayudarme, entonces yo, en recíproco respeto, me limito a acompañarle. Y nada más.
Una relación muy sincera y sensible. Y demasiado cómoda, tal vez.
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13 Noviembre 2005
Hace hoy exactamente una semana me preguntaba dónde estaba Dios. Sin mayores motivos que otras veces. Esas crisis que uno tiene. Crisis de soledad. Y estás solo y te surge un problema de salud y crees que no tienes a nadie, y te acuerdas de aquel amigo... cómo se llamaba... ¿Dios?
Y, claro, Dios no está para socorrerte, para curarte, para acompañarte.

Te encuentras desamparado y piensas que quizás no hiciste bien traicionándolo.
Quizás de lo que no me di cuenta es de que sí estaba a mi lado. En silencio.
Como debe estar Dios. Callado, escuchando, compartiendo. Sufriendo conmigo, disfrutando conmigo. Dejándome libre, porque fue mi decisión. Dejándome libre en mi soledad.
Y Dios, como un amigo, me deja estar. Le molesta mi abandono. Pero no protesta. Acude en mi ayuda, con discreción. Intenta abrirme los ojos: mis problemas de salud no me los resolverá Dios. La salud del cuerpo está en manos de los médicos. La salud del espíritu podré compartirla con Él.
Y mi espíritu tampoco está sano. Ya lo sé. Por eso quiero dedicarle este blog.
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11 Noviembre 2005
Sé que el Señor me ama.
Sé que me perdona.
Sé que está dispuesto a darme un abrazo y a quererme como a un hijo, o como a un hermano, o como a un amigo.
Sé que soy yo quien está a este lado de la verja.
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